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El Múcaro, Leyenda, Puerto Rico

Cuenta la leyenda que allá en el hermoso bosque pluvial de Puerto Rico llamado El Yunque habitaban los pájaros más hermosos y coloridos de la región. Su belleza era solo comparable a la magnitud de sus tan alegres y escandalosos trinos.

Un día, cansados de solo trinar entre ellos decidieron hacer una fiesta e invitar a todos los animales del bosque, pero especialmente a las aves que vivían en las zonas más distantes. Después de repartirse equitativamente las tareas para la planeación del gran evento, las aves decidieron comisionar a una de ellas para entregar las invitaciones, siendo el águila de cola roja, o Guaraguao, la elegida para este encargo por ser la más veloz de todas y cubrir grandes distancias.

Así que muy contento Guaraguao salió a visitar a cada animal y ave residente de El Yunque para invitarlos al gran baile. Tras una jornada larga de vuelo solo le quedaba una casa por visitar, la casa de Múcaro, un pequeño búho que vivía en un árbol enorme y hueco al final del bosque. Guaraguao llamó varias veces a la puerta pero nadie salía, así que decidió asomarse por una ventana para ver si en efecto no había nadie en casa, pues Múcaro siempre acostumbraba estar en casa a esas horas. En medio de las penumbras de la casa percibió algo de movimiento, y pensando que tal vez el amigo Múcaro pudiese estar enfermo y requerir ayuda, Guaraguao decidió entrar.

Sorprendido por la inesperada visita, Múcaro desde el fondo de su casa exclamó:

-¡Guaraguao! ¿Qué haces aquí?

-Hola amigo Múcaro, he venido a traerte una invitación para nuestro gran baile del bosque, pero como no respondías a la puerta he decidido entrar pues pensé que tal vez estuvieses enfermo.

-Muchas gracias Guaraguao, pero no estoy enfermo, o quizás sí, no lo sé con certeza – contestó muy triste el pequeño búho.

-¿Qué es lo que te pasa Múcaro?

-¡Una tragedia amigo Guaraguao, una tragedia! ¡He perdido todas mis plumas y estoy desnudo! Por eso no me atrevo ni a asomarme a la puerta.

-Sí que es terrible- dijo Guaraguao tras verlo sin una sola pluma en su cuerpo- pero no te preocupes, todos tus amigos vamos a ayudarte. Solo espera a que yo regrese.

Dicho esto, Guaraguao emprendió el viaje de regreso para contarle a todos los buenos amigos alados del bosque, quienes de inmediato decidieron ayudar al pobre Múcaro. Así pues, todas las aves prestaron una de sus plumas para ayudar a vestirse al pequeño búho desnudo. Cuando juntaron suficientes plumas, Guaraguao las tomó todas y las metió con cuidado de no estropearlas en un enorme costal y se apresuró a llevárselas a Múcaro.

-¡Mira lo que te he traído!- exclamó muy contento Guaraguao mientras le entregaba a Múcaro el costal lleno de hermosas plumas de colores, y añadió – Todos tus amigos hemos estado de acuerdo en prestarte una de nuestras plumas para que te hagas un traje y puedas venir al baile con nosotros, pero luego del baile deberás devolverlas a sus dueños.

-¡Qué hermosas plumas! -contestó muy emocionado el pequeño búho, y de inmediato se puso a confeccionar su traje para el baile tras darle un sin fin de gracias a Guaraguao por el préstamo de todas las aves.

Cuando tuvo listo el traje enseguida se lo puso. Múcaro no podía dejar de mirarse en el espejo del agua, su traje sin duda sería el más hermoso y lujoso de toda la concurrencia con esas plumas verdes, amarillas rojas y azules. ¡Era un hermoso traje!

Cuando llegó el día del baile Múcaro hizo acto de presencia, siendo admirado por todos los asistentes debido a la belleza de su traje nuevo. Todos le aplaudían el buen gusto de su nuevo plumaje tan colorido y no dudaban en hacérselo saber. Aquel día Múcaro recibió muchos cumplidos, se sentía muy feliz. Sin embargo, a media fiesta Múcaro comenzó a pensar que pronto tendría que desarmar su espléndido traje y devolver todas las plumas prestadas, pues sus dueños exhibían un pequeño hueco en sus plumajes tras haberse quitado la que cada uno le prestó.

-No es justo- pensó Múcaro- ellos tienen sus plumajes completos aun con el hueco de la pluma que me prestaron, mientras que yo seguiré desnudo sin ni siquiera una sola pluma que ponerme encima. Y si las devuelvo cuando termine el baile ¿cómo volaré de nuevo hasta mi casa? Además, ¡el traje me quedó tan bonito!

Así que en medio del bullicio del baile y sin que alguien se diera cuenta, Múcaro se escabulló de la fiesta escapando lejos del bosque. Una vez que terminó el baile las aves lo buscaron para que les entregara las plumas prestadas, pero nadie pudo encontrarlo. Cuando les quedó claro que el búho desapareció para no devolver lo prestado, molestos todos sus amigos encomendaron la tarea a Guaraguao de ir a buscarlo a su casa y pedirle la devolución, sin embargo Múcaro también había abandonado su casa.

Todos los animales del bosque lo buscaron sin poder encontrarlo porque Múcaro se escondió tan bien que aún ahora solo sale en las noches. Sin embargo, poco tiempo después de la huida, el hermoso traje tan colorido perdió todo su encanto, pues las lustrosas plumas se tornaron blancas y marrones. Cuando Múcaro se dio cuenta de ello pensó en devolver las plumas, pero como ahora solo eran de dos colores no sabía a quién pertenecía cada una, además ya estaban opacas y feas ¿Cómo iba a devolverlas así estropeadas?

-Ahora mis amigos jamás me perdonarán- pensó muy triste el pequeño búho y se soltó a llorar en lo profundo de su escondite.

No se sabe si es por las plumas opacas o por haberse quedado sin amigos que desde entonces cuando el Múcaro sale por las noches se le oye cantar una triste canción en el bosque de El Yunque de su natal Puerto Rico.