La Huldra (Leyenda Noruega )

Suelen aparecer en los días de lluvia, o cuando la neblina desciende. Acostumbran salir a recorrer los bosques, con el único objetivo de atraer a los hombres que puedan encontrar por ahí. Se valen de sus grandes habilidades para el canto -aunque siempre lo hacen en tono melancólico- tal como lo hacen las sirenas en el mar. Son célebres por su magnetismo seductor e insaciable apetito sexual, así como por su generosidad cuando se sienten satisfechas o por su crueldad cuando no ven saciados sus instintos. Criaturas tan feroces como encantadoras, todo depende de su estado de ánimo y del trato que reciban…

La Dama o Reina del bosque, Skogsra (espíritu del bosque) o Tallemaja (Árbol del pino María) en el floklore sueco, Skofru, o Skogsfru en otras regiones, todas ellas múltiples denominaciones para referirse a una criatura muy peculiar, generosa benefactora o cruel sicario: la huldra.

Es una especie de ninfa que habita en los bosques. La leyenda dice que estas misteriosas criaturas son protectoras de los bosques, en dónde se ocultan de Odín quién las caza y da muerte por razones desconocidas. Tienen la apariencia de hermosas mujeres muy altas, con una cola de zorro o de vaca, que esconden cuidadosamente bajo su atuendo. Pero no todo es belleza en ellas, ya que su espalda se asemeja a un tronco de árbol hueco y podrido, que ocultan con su larga cabellera rubia. Son dueñas de una fuerza física sobrehumana y resulta muy difícil herirlas, además de poseer otros tantos poderes sobrenaturales y encantos.

Cada vez que una huldra halla en el bosque a un hombre, si éste es de su agrado, intentará seducirlo, y si él responde a sus atenciones y logra satisfacerla, la criatura le dará una generosa recompensa, dejándolo ir con su bendición. Pero si la huldra no siente satisfechos sus deseos, el desafortunado hombre morirá a manos de ella sin ninguna compasión y de la forma más cruel que se le ocurra.

En tierras noruegas una de tantas historias sobre estos seres, relata la ocasión en que una Huldra salió del bosque para asistir a una fiesta de humanos, siendo ella el centro de atención de muchos hombres debido a su notable belleza. Ya en el baile, un joven tímido que la observaba de lejos, reunió todo su valor para sacarla a bailar pues razonaba que aquella belleza valía la pena contemplarla de cerca; justo en el momento de empezar a bailar, la Huldra por descuido no ocultó como es propio su cola y su pareja de baile alcanzó a verla.

Al comprender que la bella dama no era otra cosa que una temible criatura del bosque en busca de su próxima presa, el pobre hombre se llenó de miedo. Sin embargo, sabiendo que las huldra reaccionan recíprocamente a la forma como las tratan: castigan o ayudan según lo que reciban, el joven, inteligentemente y por su propio bien logró controlar su temor. De manera que cuando estuvo más calmado, al terminar de bailar la pieza, gentilmente le dijo a la Huldra: “Hermosa Dama, veo vuestra enagua por debajo de su falda“…

Sorprendida por esas palabras y comprendiendo su descuido, la hermosa mujer se escabulló de entre la concurrencia y desapareció de la fiesta. Con este acto de cortesía, el joven se salvó de caer en las redes seductoras de la ninfa, arriesgándose a morir cruelmente si acaso no lograba saciarle los instintos carnales. Satisfecha con la generosidad del joven por haber sido amable con ella a pesar de haberla descubierto y no exponerla con crueldad, la huldra le dio una buena recompensa. Se internó en el bosque y regresó con regalos en oro y joyas y ganado de primera, dejándolos en la puerta de la casa de aquel hombre ingenioso que supo dominar sus temores y actuar como un caballero. Y es que se dice que las huldra no solo poseen extensos rebaños del mejor ganado, mismos que cuidan con la ayuda de perros salvajes, sino también los más grandiosos tesoros.

Por otra parte, la leyenda dice que el hombre que se enamore de una huldra hallará también su perdición ya que continuará regresando al mismo lugar una y otra vez en búsqueda de su amada hasta que finalmente, agotado, muera de debilidad o cuando la huldra se harte de él y no se sienta ya complacida. Sin embargo sí es posible que una huldra se enamore y contraiga matrimonio con un hombre, si esto pasa perderá su cola y vivirá tranquilamente como una humana, a menos que entre a una iglesia, en ese caso perderá también su belleza, transformándose en un monstruo espantoso. De igual manera, si durante su vida de casada la huldra recibe malos tratos del esposo ésta se vengará castigándolo severamente y recuperará su apariencia natural (cola y espalda).

Si visitas los bosques de Noruega tras un día de lluvia debes tener cuidado de no perderte pues las huldra están al acecho. Si quieres alejarlas lleva contigo un puño de sal o algo de hierro ya que le temen a cualquiera de estas sustancias. Si por el contrario un hombre ya ha sido hechizado por los encantos de una huldra, la única forma de romper el encantamiento es atarse a sí mismo ramas de matacabras y vandelrot, a fin de que la criatura pierda el interés. También se puede intentar exponer la espalda de la huldra, ya que al contemplar el desagradable tronco putrefacto que la recubre se romperá el hechizo, sin embargo esto último será complicado debido a que la huldra tratará de mantener oculto su secreto a toda costa.

En cuanto al joven de la historia, se prometió sí mismo ser cortés con toda mujer que se cruzara en su camino por si acaso se tratara de alguna huldra, ya que nunca se sabe donde podrían ocultarse a simple vista, depredando a los incautos.

Condénala, Señor… (Malgré Tout -Luis Manuel Torres-)

Condénala, Señor, a que me quiera 
en forma de que no pueda olvidarme,
y te pido "condénala" que amarme
significa embriagarse de quimera.

Al igual que frondosa enredadera
en torno de su vida he de anudarme
y una pasión en el alma
y en el golpe que dé para arrancarme
sentirá que su carne lacera.

Más si acaso, Señor, en su pasado
no existiese maldad que le merezca
la condena que anhelo con fervor,
te suplico, mi Dios, ya resignado,
me concedas la pena gigantesca
de vivir para siempre en su rencor.

Humor

El sabio griego Hipócrates conocido como el padre de la medicina, desde tiempos remotos sacó a relucir una verdad a menudo considerada como una bufonada, en una sencilla frase que resume que la fiebre del amor es provocada por cuerpos ajenos. Sin embargo en esta época -más de tres milenios después- la ciencia por fin respalda la famosa frase.

En 2016 un grupo de científicos de la Universidad de Granada realizaron un estudio con 60 voluntarios gracias a los cuales lograron desarrollar el llamado «Mapa térmico del amor». Los resultados de este estudio han demostrado que el amor sube la temperatura en las mejillas, las manos, la zona de la boca, el pecho y los genitales entre uno y dos grados centígrados, además de que acelera la vasodilatación... después de todo parece que Hipócrates no estaba bromeando.

Es la Mujer (Lope de Vega)

Es la mujer del hombre lo más bueno,
y locura decir que lo más malo;
su vida suele ser y su reglo,
su muerte suele ser y su veneno.

Cielo a los ojos cándido y sereno,
por muchas veces al infierno igualo,
por el mundo su valor señalo
por falso al hombre su rigor condeno.

Ella nos da su sangre, ella nos cría,
no ha hecho el cielo cosa más ingrata;
es un ángel y a veces una harpía.

Quiere, aborrece, trata bien, maltrata,
y es la mujer, al fin, como sangría,
que a veces da salud y a veces mata.

La Princesa de Fuego (Cuento de Dinamarca)

En un muy reino lejano una joven y hermosa princesa alcanzó la edad para casarse, su belleza era tal que pronto comenzaron a aparecer pretendientes de todas partes del mundo que querían conquistar a la hermosa princesa. De manera que la joven comenzó a recibir una gran cantidad de regalos tan bonitos como diversos: algunas coronas de oro, pendientes, collares, anillos, etc.

Estos eran solo algunos de los presentes que la princesa recibía, pero en medio de aquel lujo la joven se encontró con un regalo insólito: una simple sencilla y vulgar piedra sucia con tierra y un poco de barro seco, algo realmente horrible para regalar a cualquier persona y sobre todo a una princesa; sin embargo lejos de estar enojada, la joven se hallaba muy sorprendida.

Inmediatamente mandó a llamar a quien sea que le hubiera regalado la piedra, entonces apareció un apuesto joven. La princesa fingió estar enfadada y preguntó a qué se debía la piedra, lo que el joven le respondió la dejó más sorprendida aún.

Le dijo que ese era su corazón, el más sincero de los regalos, el mismo era una piedra ahora pero se ablandaría solo con amor y se convertiría en el más blando y amoroso corazón del reino.

 La joven quedó enamorada al instante de la respuesta del joven y desde ese día le envió regalos hermosos para poder conquistarlo, pero él seguía indiferente, entonces transcurridos muchos días la princesa se enfadó y arrojó la piedra al fuego.

En medio de las llamas la arena que rodeaba la piedra se cayó, transformando la roca en una hermosa figura de oro, reluciente y fantástica; en ese momento la princesa comprendió lo que significaba el regalo.

Desde ese día cambió, y se transformó en la mejor gobernante del mundo, ayudó a su pueblo y atendía todas sus necesidades. Quienes la conocieron la comenzaron a llamar la princesa de fuego por su carácter radiante. El joven entonces la amó y dedicó su vida a hacerla feliz hasta el final de sus días.

Nunca (Sara Hübner)

Nunca, nunca otros labios te besarán así;
ni ojos habrá que lloren de amor, como he llorado, 
ni manos que, temblando, se acerquen a ti
con la ternura inmensa con que yo me he acercado.
 
Ni corazón más claro, ni dolor más fecundo
hallará la arrogancia de tu frente cansada,
ni un decir más sencillo, ni un sentir más profundo
encontrarás de nuevo en la larga jornada.
 
Y cuando yo haya muerto y camines doliente,
evocando mi nombre ante cada mujer,
como yo te llamaba, me llamarás ferviente,
¡y ya no podrá ser!
 
 

Espacio de creación y contenido literario, que fluye libre y audaz sin perder lo clásico.

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