El perro Fiel (leyenda Maya)

«Un hombre era tan pobre que siempre estaba de mal humor, y no perdía la ocasión de maltratar a un infeliz perro que tenía. Kakasbal (espíritu del mal), quien está en todo, vio que podía sacar partido de la inquina que, seguramente, el perro sentía contra su amo, y se le apareció para decirle:
—Ven acá y dime qué te pasa, pues te veo triste.
— ¿Cómo no he de estarlo? Mi amo me pega cada vez que quiere—respondió el perro.
—Yo sé que es de malos sentimientos. ¿Por qué no lo abandonas?
—Es mi amo y debo serle fiel.
—Yo podría ayudarte a escapar.
—Por nada le dejaré.
—Nunca agradecerá tu fidelidad.
—No importa, le seré fiel.

Pero tanto insistió Kakasbal que el perro, por quitárselo de encima, manifestó:

—Creo que me has convencido; dime, ¿qué debo hacer?
—Entrégame tu alma.
— ¿Y qué me darás a cambio?
—Lo que quieras.
—Dame un hueso por cada pelo de mi cuerpo.
—Acepto.
—Cuenta, pues…

Kakasbal, entonces, se puso a contar los pelos del perro. Y cuando sus dedos llegaron a la cola, el perro se acordó de la fidelidad que le debía a su amo, pegó un salto y la cuenta se perdió.

— ¿Por qué te mueves?— le preguntó Kakasbal.
—No puedo con las pulgas que me comen día y noche. Vuelve a empezar.

Cien veces Kakasbal empezó la cuenta, y cien veces tuvo que interrumpirla porque el perro saltaba. Al fin, Kakasbal decidió:

—No cuento más. Me has engañado, pero me has dado una lección. Ahora sé que es más fácil comprar el alma de un hombre que el alma de un perro

Reflexiones

En la facultad de Medicina, el profesor se dirige a un alumno y le pregunta:
—“¿Cuántos riñones tenemos?”
—“¡Cuatro!”, responde el alumno.
—“¿Cuatro?”, replica el profesor.
—“Traiga un fardo de pasto, pues tenemos un asno en la sala”, le ordena el profesor a su auxiliar.
—“¡Y para mí un cafecito!”, replicó el alumno al auxiliar del maestro.
El profesor se enojó y expulsó al alumno de la sala. El alumno era, el humorista brasileño Aparicio Torelly Aporelly (1895-1971), mejor conocido como el “Barón de Itararé”.
Al salir de la sala, todavía el alumno tuvo la audacia de corregir al furioso maestro:
“Usted me preguntó cuántos riñones ‘tenemos’. ‘Tenemos’ cuatro: dos míos y dos suyos. ‘Tenemos’ es una expresión usada para el plural. Que tenga un buen provecho y disfrute del pasto”.

Cuando la arrogancia se estrella contra el ingenio lo mejor es sentarse a reflexionar, después de reír con el resultado hilarante de la colisión. Equivocada conclusión es pensar que por poseer ciertos logros ya se ha alcanzado el status de sabio infalible y que nadie se halla a la par, razón por la cual merecen desprecio todos aquellos que en apariencia son inferiores. Muy equivocada. Como igual de torcido es burlarse de los menos afortunados sólo por serlo. Presumir de sabio y hacer gala de ello es exhibir la propia ignorancia y la pobreza de alma, tal cual un asno presume de serlo y exhibe su naturaleza animal desprovista de cortesía.

Ay Amor (Pedro Calderón de la Barca)

Ay amor, falsa sirena
cuya queja, cuya voz,
rompiendo el aire veloz
dulcísima suena
y está de traiciones llena!
¡Ay, amor, serpiente ingrata
que en sus efectos retrata
la pasión que me provoca,
pues halaga con la boca
a quien con la cola mata!
 
¡Ay, amor, veneno vil,
que viene en vaso dorado!
¡Ay, amor, áspid pisado
entre las flores de abril!
¡Mal haya una vez y mil
quien tus engaños consiente!
Miente tu lisonja, miente
Tu halago, tu voz, tu pena,
Porque eres amor, sirena,
Áspid, veneno y serpiente.

Paquito (Salvador Díaz Mirón)

Cubierto de jiras,
al ábrego hirsutas
al par que las mechas
crecidas y rubias,
el pobre chiquillo
se postra en la tumba,
y en voz de sollozos
revienta y murmura:
«Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras».

Y un cielo impasible
despliega su curva.

«¡Qué bien que me acuerdo!
La tarde de lluvia;
las velas grandotas
que olían a curas;
y tú en aquel catre
tan tiesa, tan muda,
tan fría, tan seria,
y así tan rechula!
Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras».

Y un cielo impasible
despliega su curva.

«Buscando comida,
revuelvo basura.
Si pido limosna,
la gente me insulta,
me agarra la oreja,
me dice granuja,
y escapo con miedo
de que haya denuncia.
Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras».

Y un cielo impasible
despliega su curva.

«Los otros muchachos
se ríen, se burlan,
se meten conmigo,
y a poco me acusan
de pleito al gendarme
que viene a la bulla;
y todo, porque ando
con tiras y sucias.
Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras».

Y un cielo impasible
despliega su curva.

«Me acuesto en rincones
solito y a obscuras.
De noche, ya sabes,
los ruidos me asustan.
Los perros divisan
espantos y aúllan.
Las ratas me muerden,
las piedras me punzan...
Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras».

Y un cielo impasible
despliega su curva.

«Papá no me quiere.
Está donde juzga
y riñe a los hombres
que tienen la culpa.
Si voy a buscarlo,
él bota la pluma,
se pone muy bravo,
me ofrece una tunda.
Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras».

Y un cielo impasible
despliega su curva.

La Cita Frustrada (Emilio Carrere)

El reloj devana la vieja madera
de la vida humana con un son de queja.
La divina hora
pasa voladora 
por la blanca esfera 
del viejo reló.
¡Triste del que espera 
lo que ya pasó!

Rubia Margarita 
acude a la cita 
de mi corazón;
llora tu poeta,
divina Julieta,
del sueño galante
bajo tu balcón.
Quisiera hechizaros en la noche en calma
porque aun tiene claros de luna su alma.
La sombra fragante 
del sueño galante
no acude jamás.

Pasó la hora bruja
y avanza la aguja
con lento compás.
¡Pobre del que aguarda lo que ya pasó,
la gloria que tarda
o el amor que huyó!

Corre el minutero;
yo temblando espero
la nueva emoción,
la desconocida mujer 
presentida por mi corazón.
Mi alma, entre la plata del claro de luna,
espera el milagro de su aparición;
la puerta por donde vendrá
tiene una inquietud ansiosa de interrogación.
Yo soñando espero
su inefable encanto;
viejo minutero,
¿por qué tardas tanto?

Dolor de las cosas
que han podido ser
y huyen presurosas
para no volver.
Momento encantado,
¡qué pronto te has ido!
La hora ya ha sonado 
y ella no ha venido.
¡Detén, minutero, tu velocidad;
no corras al pozo de la Eternidad!
El viejo reló
el copo del tiempo devana en su esfera.
¡Triste del que espera 
lo que ya pasó!

Cobardía (Amado Nervo)

Pasó con su madre. ¡Qué rara belleza!
¡Qué rubios cabellos de trigo garzul!
¡Qué ritmo en el paso! 
¡Qué innata realeza de porte!
¡Qué formas bajo el fino tul...

Pasó con su madre. Volvió la cabeza:
¡me clavó muy hondo su mirada azul!

Quedé como en éxtasis... Con febril premura,
«¡Síguela!», gritaron cuerpo y alma al par.

...Pero tuve miedo de amar con locura,
de abrir mis heridas, que suelen sangrar,
¡y no obstante toda mi sed de ternura,
cerrando los ojos, la dejé pasar!

Espacio de creación y contenido literario, que fluye libre y audaz sin perder lo clásico.

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