Archivo de la categoría: Mis Poemas Favoritos

Es la Mujer (Lope de Vega)

Es la mujer del hombre lo más bueno,
y locura decir que lo más malo;
su vida suele ser y su reglo,
su muerte suele ser y su veneno.

Cielo a los ojos cándido y sereno,
por muchas veces al infierno igualo,
por el mundo su valor señalo
por falso al hombre su rigor condeno.

Ella nos da su sangre, ella nos cría,
no ha hecho el cielo cosa más ingrata;
es un ángel y a veces una harpía.

Quiere, aborrece, trata bien, maltrata,
y es la mujer, al fin, como sangría,
que a veces da salud y a veces mata.

Nunca (Sara Hübner)

Nunca, nunca otros labios te besarán así;
ni ojos habrá que lloren de amor, como he llorado, 
ni manos que, temblando, se acerquen a ti
con la ternura inmensa con que yo me he acercado.
 
Ni corazón más claro, ni dolor más fecundo
hallará la arrogancia de tu frente cansada,
ni un decir más sencillo, ni un sentir más profundo
encontrarás de nuevo en la larga jornada.
 
Y cuando yo haya muerto y camines doliente,
evocando mi nombre ante cada mujer,
como yo te llamaba, me llamarás ferviente,
¡y ya no podrá ser!
 
 

Amor Mudo (Horacio Rega Molina)

Yo siempre la amaré como en un sueño
sin confesarle nunca mi quimera,
porque al tomar una expresión cualquiera
tan grande amor parecerá pequeño.
 
Constantemente me verá risueño,
y pasará una y otra primavera
sin sospechar que por la vez primera
tiene un admirador y no es su dueño.
 
Y esta pequeña lágrima que llore
cada vez que la encuentro hasta que expire,
también se perderá, por mi decoro.
 
Pues yo sabré tan rápido ocultarla
que ella no la verá, aunque me mire
en el preciso instante de llorarla.

No tiene importancia (Pedro Miguel Obligado)

Esta pena mía
no tiene importancia.
solo es la tristeza de una melodía
y el íntimo ensueño de alguna fragancia.
 
“Que todo ser muere,
que la vida es triste,
que no vendrás nunca por más que te espere,
pues ya no me quieres como me quisiste.”
 
No tiene importancia…
Yo soy razonable;
no puedo pedirte ni amor ni constancia.
si es mía la culpa de no ser variable.
 
¿Qué valen mis quejas
si no las escuchas?
y ¿qué mis caricias desde que las dejas
quizás despreciadas porque fueron muchas?
 
Si esta pena mía
no es más que el ensueño de alguna fragancia,
no es más que la sombra de una melodía…
ya ves que no tiene ninguna importancia…

Ay Amor (Pedro Calderón de la Barca)

Ay amor, falsa sirena
cuya queja, cuya voz,
rompiendo el aire veloz
dulcísima suena
y está de traiciones llena!
¡Ay, amor, serpiente ingrata
que en sus efectos retrata
la pasión que me provoca,
pues halaga con la boca
a quien con la cola mata!
 
¡Ay, amor, veneno vil,
que viene en vaso dorado!
¡Ay, amor, áspid pisado
entre las flores de abril!
¡Mal haya una vez y mil
quien tus engaños consiente!
Miente tu lisonja, miente
Tu halago, tu voz, tu pena,
Porque eres amor, sirena,
Áspid, veneno y serpiente.

Paquito (Salvador Díaz Mirón)

Cubierto de jiras,
al ábrego hirsutas
al par que las mechas
crecidas y rubias,
el pobre chiquillo
se postra en la tumba,
y en voz de sollozos
revienta y murmura:
«Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras».

Y un cielo impasible
despliega su curva.

«¡Qué bien que me acuerdo!
La tarde de lluvia;
las velas grandotas
que olían a curas;
y tú en aquel catre
tan tiesa, tan muda,
tan fría, tan seria,
y así tan rechula!
Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras».

Y un cielo impasible
despliega su curva.

«Buscando comida,
revuelvo basura.
Si pido limosna,
la gente me insulta,
me agarra la oreja,
me dice granuja,
y escapo con miedo
de que haya denuncia.
Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras».

Y un cielo impasible
despliega su curva.

«Los otros muchachos
se ríen, se burlan,
se meten conmigo,
y a poco me acusan
de pleito al gendarme
que viene a la bulla;
y todo, porque ando
con tiras y sucias.
Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras».

Y un cielo impasible
despliega su curva.

«Me acuesto en rincones
solito y a obscuras.
De noche, ya sabes,
los ruidos me asustan.
Los perros divisan
espantos y aúllan.
Las ratas me muerden,
las piedras me punzan...
Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras».

Y un cielo impasible
despliega su curva.

«Papá no me quiere.
Está donde juzga
y riñe a los hombres
que tienen la culpa.
Si voy a buscarlo,
él bota la pluma,
se pone muy bravo,
me ofrece una tunda.
Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras».

Y un cielo impasible
despliega su curva.