Archivo de la categoría: Mis Poemas Favoritos

Autorretrato (Emilio Carrére)

Mi alma es como mi estilo, doloroso y burlesco;
mi carne arde en las llamas del pecado mortal.
La gente no ve en mí más que lo pintoresco;
sólo yo sé mis hondas angustias de ideal.

Lo que yo quise ser lo ha malogrado en flor
esta tragicomedia de mi vida irrisoria.
¡Mi boca amaba el fuego de las rosas de amor
y mi frente los áureos penachos de la gloria!

Eran mis veinte años mi caudal de ilusión,
que gasté en un divino derroche de emoción;
ya ha envejecido el alma, y es en mi vida incierta

«La musa del arroyo» mi blasón de poesía,
y aguardo entre las brumas de mi melancolía
que llame el Caballero de la Muerte a mi puerta.

Quiero Escribir (Lope De Vega)

Quiero escribir, y el llanto no me deja,
pruebo a llorar, y no descanso tanto,
vuelvo a tomar la pluma, y vuelve el llanto,
todo me impide el bien, todo me aqueja.

Si el llanto dura, el alma se me queja,
si el escribir, mis ojos, y si en tanto
por muerte o por consuelo me levanto,
de entrambos la esperanza se me aleja.

Ve blanco al fin, papel, y a quien penetra
el centro deste pecho que enciende
le di (si en tanto bien pudieres verte),

que haga de mis lágrimas la letra,
pues ya que no lo siente, bien entiende,
que cuanto escribo y lloro, todo es muerte.

Si Alguien Llama A Tu Puerta (Gabriel García Márquez)

Si alguien llama a tu puerta, amiga mía,
y algo en tu sangre late y no reposa
y en tu tallo de agua, temblorosa,
la fuente es una líquida de armonía.

Si alguien llama a tu puerta y todavía
te sobra tiempo para ser hermosa
y cabe todo abril en una rosa
y por la rosa desangra el día

Si alguien llama a tu puerta una mañana
sonora de palomas y campanas
y aún crees en el dolor y en la poesía

Si aún la vida es verdad y el verso existe.
Si alguien llama a tu puerta y estás triste,
abre, que es el amor, amiga mía.

Vesperal (Rubén Darío)

Ha pasado la siesta
y la hora del Poniente se avecina,
y hay ya frescor en esta
costa que el sol del Trópico calcina.
Hay un suave alentar de aura marina
y el Occidente finge una floresta
que una llama de púrpura ilumina.

Sobre la arena dejan los cangrejos
la ilegible escritura de sus huellas.
Conchas color de rosa y de reflejos
áureos, caracolillos y fragmentos de estrellas
de mar forman alfombra
sonante al paso en la armoniosa orilla.
Y cuando Venus brilla,
dulce, imperial amor de la divina tarde,
creo que en la onda suena
o son de lira, o canto de sirena.
Y en mi alma otro lucero, como el de Venus, arde.