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Sufrir Callando (Pedro Calderón De la Barca)

Si no me dejan hablar,
yo moriré de temor,
que no hay tristeza en en amor 
como sufrir y callar.

¡Qué tarde remedio espera
quien ama y no se declara!
Que yo pienso que si hablara 
hasta las piedras moviera.

El callar me ha de matar,
sufriendo tanto rigor,
que no hay tristeza de amor
como sufrir y callar.

El Hombre que Nunca Mintió (Cuento Africano)

Érase una vez un hombre muy sabio llamado Mamad. Este hombre era diferente a los demás, Mamad nunca había mentido. Todas las personas de la tierra, incluso aquellas que vivían a veinte días de distancia, sabían de él. Era admirado y venerado por todos

Un buen día, un rey  se enteró de la existencia de Mamad y ordenó a sus súbditos que lo llevaran al palacio. El hombre sabio entró al gran salón de palacio y se presentó ante el rey, quien le preguntó:

– Mamad, ¿es verdad que nunca has mentido?

– Sí, lo que cuentan es verdad, nunca he mentido. 

– No doy crédito, ¿y nunca mentirás en tu vida?

– Estoy completamente seguro de que nunca contaré una mentira, respondió sin dudarlo Mamad.

– Está bien, es posible que digas la verdad, ¡pero ten cuidado! La mentira es astuta y te llega a la lengua fácilmente, sentenció el rey no muy convencido de que Mamad no dijera una mentira en toda su vida.

Pasaron varios días y el rey volvió a llamar a Mamad. Cuando llegó, el rey estaba a punto de ir a cazar y sostenía a su caballo por la melena, su pie izquierdo ya estaba en el estribo pero, antes de montar miró a Mamad y le ordenó: 

– Ve a mi palacio de verano y dile a la reina que estaré con ella para almorzar. Dile que prepare una gran fiesta. Entonces almorzarás con nosotros.

Mamad se inclinó y fue a ver a la reina para transmitirle el mensaje del rey, pero éste que era astuto y le gustaba ponera prueba a las personas, se rió y dijo al resto de súbditos que le acompañaban: 

– No iremos a cazar, así Mamad irá a la reina y le contará un cuento, será su primera mentira,- dijo dando grandes risotadas,- Mañana nos reiremos mucho de él cuando se dé cuenta que no dijo la verdad.

Pero el sabio Mamad, que era mucho más astuto que el rey fue al palacio y dijo:

– Tal vez deberías preparar una gran fiesta para el almuerzo de mañana, y tal vez no deberías. Tal vez el rey vendrá al mediodía, y tal vez no lo hará.

– Dime, ¿vendrá o no? – preguntó la reina contrariada.

– No sé si el rey puso su pie derecho en el otro estribo cuando me fui o bajó al suelo su pie izquierdo y descabalgó, contestó satisfecho Mamad.

Al día siguiente, todos esperaban al rey. Cuanto entró al salón donde estaba la reina, le dijo orgulloso de haber sido el hombre que lograra hacer mentir al sabio Mamad: 

– Mi reina, el sabio Mamad, ese hombre que nunca miente, te mintió ayer.

Pero la reina le dijo, palabra por palabra, lo que Mamad le había dicho. En ese momento, el rey se dio cuenta de que era cierto, aquel hombre tan sabio y conocido en todos los rincones nunca mentía.

 Mamad solo dice lo que ve con sus propios ojos, dijo muy pensativo.

La mensajera (Salvador Villaseñor)

Era una tarde de primavera
y entre las sombras el sol moría,
cuando entre las rejas de mi ventana
vi una paloma que me decía:

Soy mensajera, crucé los mares
para decirte que en sus excesos
te envía entre penas el que te adora,
tiernos suspiros, lágrimas, besos.

Vengo a decirte que no te olvida,
que en sus tristezas y en sus pesares
solo en ti piensa porque te adora,
soy mensajera de sus amores...

Vuelve paloma, ¡vuelve! le dije,
y dile entonces que yo te envío
y que le llevas sobre tus alas
tristes suspiros del pecho mío.

Dile que sufro, que sufro mucho
que siempre mi alma se halla muy triste;
dile que lloro, que tú lo viste.

Pasó aquel año, llegó el invierno,
era una tarde nublada y fría
cuando en las rejas de mi ventana
vi una paloma que me decía:

Soy mensajera, crucé los mares
vengo cansada, cansada y triste
porque te traigo sobre mis alas
unos amores que ya perdiste.

¡Perdón! me dijo, para el ingrato
que de ese modo te olvida aleve
y ocultando el pico bajo su ala
quedóse muerta sobre la nieve.

Humor

El buen humor del mexicano acompañado de la célebre fama que lo caracteriza por burlarse de todo hasta de la muerte en su propia cara, producen frases como la que hoy compartimos. El folklore mexicano abunda en divertidas reflexiones resumidas en frases muy populares. Frases tan cargadas de verdad que resulta cómica la ironía que desprenden.

Así que hoy, que todavía tenemos algo de tiempo para reír, la ironía de la vida nos impone la necesidad de celebrar y disfrutar la vida misma -porque es tan breve- antes que la muerte la alcance. Por eso, aprovecha la ventaja de que gozas ahora, haz algo constructivo con tu vida, algo de lo cual puedas estar orgulloso cuando tengas que irte, cuando la inevitable señora pase a buscarte.

Vida y muerte saben que no importa cuanto corras, al final la dama flaca te alcanzará. Porque no sabes cuando, pero es un hecho que tarde o temprano ella querrá que la acompañes. Por lo tanto, hoy por hoy, vive feliz con la ventaja que te queda. ¡Feliz y larga carrera estimado lector!

Justicia (Ramón de Campoamor)

-¡Señor Juez, un malvado, un asesino,
  un pérfido, un traidor,
  robóme la paz de mi destino...!
-¿Robó, decís?
-¡Mi amor!
-¿Cuál es su crimen?
-Inocente y puro 
  mi corazón le di...
-¡Tu corazón!
_¡Creédme, señor Juez, que yo os lo juro!
_¡Castigadlo, señor!
-¿Pero, el delito?
_Engañador y falso
  despedazólo cruel.
  ¡Las horribles tinieblas de un cadalzo
  no bastan, señor Juez!
-¡Deliras, infeliz. A un magistrado
  hablándole de amor!
-¡Oh, ¿le daréis la muerte? Ved que es poco
  comparado a su crimen tan atroz.
  Una muerte...Mil muertes no alcanzaban
  a purgar su delito, señor Juez.
  ¡Matar la fe y el porvenir bendito
  de una infeliz mujer!
-¡Vete en paz, desdichada! Las pasiones
  no las juzgan los hombres sino Dios.
  ¡Matar el cuerpo es crimen en la tierra,
  matar el alma, no!

Reflexiones

Con esta frase el sabio Hipócrates nos hace pensar en que para sanar de todos los males sean del cuerpo o del alma, primero hay que estar dispuestos a ello. Sin la voluntad de renunciar a la raíz de los problemas no se logran alcanzar ni la paz ni la salud ni se puede ayudar quién no desea recibir la ayuda aunque sea evidente y consiente que la necesita.

¿Cuántas veces querido lector te has negado a dejar ir eso que te enferma porque lo atesoras más que a tu propia paz? ¿Qué es aquello por lo que consideras merece la pena padecer? ¿En verdad lo vale?…Espero que sí.